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Cuando la economía atraviesa dificultades, los precios de la vivienda suben, el trabajo es inestable y el cambio climático y las crisis de salud pública añaden presión, es fácil que las personas sientan miedo, ira y confusión, y que pierdan la confianza en el gobierno.
Algunos políticos entonces culpan de forma simplista a los inmigrantes por problemas complejos, afirmando que los inmigrantes quitan viviendas, empleos y recursos públicos. También prometen restablecer el orden cerrando las fronteras y aumentando su propio poder.
Sin embargo, los inmigrantes también pueden aumentar la fuerza laboral y los ingresos del gobierno.
La falta de vivienda, la brecha entre ricos y pobres y el aumento del costo de vida suelen estar relacionados con la inversión pública, la protección laboral y las políticas económicas. No se puede culpar solamente a un grupo de personas.
Las redes sociales también pueden difundir rumores rápidamente y hacer que las opiniones extremas de unas pocas personas parezcan muy comunes.
Las sociedades democráticas no deben buscar chivos expiatorios. En cambio, deben explicar abiertamente la situación de la inmigración, construir más viviendas e instalaciones públicas, mejorar la gestión y afrontar honestamente la desigualdad.
La verdadera elección es resolver pacientemente problemas complejos o usar el miedo para crear enemigos.