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La disminución del número de nacimientos en China suele considerarse relacionada con la gran presión de la vida, el alto costo de criar hijos y el hecho de que los jóvenes se casen más tarde.
Pero también está relacionada con los cambios que ha traído el progreso social.
En el pasado, muchas familias urbanas tenían un solo hijo.
Las hijas únicas recibían más recursos educativos de sus padres, aprendían diversas habilidades desde pequeñas y se las animaba a estudiar mucho, buscar buenos trabajos y encontrar oportunidades de desarrollo en lugares más lejanos.
Hoy en día, cada vez más mujeres ingresan a la universidad y a distintas profesiones, y también tienen la capacidad de decidir por sí mismas el rumbo de sus vidas.
La educación no solo aumenta las oportunidades laborales, sino que también les permite conocer más formas de vivir.
El matrimonio y tener hijos ya no son tareas que deban cumplirse obligatoriamente, sino elecciones personales que deben considerarse con cuidado.
Muchas mujeres no se oponen al matrimonio ni a la familia; simplemente no quieren renunciar a su carrera, su libertad y otros objetivos por las expectativas de los demás.
Antes, los padres esperaban que sus hijas fueran independientes y exitosas, pero al mismo tiempo esperaban que formaran una familia de manera tradicional.
A veces es difícil cumplir estas dos expectativas al mismo tiempo.
Por lo tanto, la baja natalidad no es solo un problema demográfico; también refleja que las mujeres tienen más oportunidades y opciones.