dāng当fù mǔ父母huā qián花钱kòng zhì控制chéng nián成年zǐ nǚ子女
Algunos padres no aceptan las relaciones amorosas, el trabajo, los hábitos de sueño o la forma de usar internet de sus hijos adultos, y por eso pagan a instituciones privadas para que se los lleven.
Estas instituciones suelen decir que ayudan a los hijos a superar la “adicción a internet” o los malos hábitos, pero las personas llevadas allí quizá no tengan realmente adicción a internet.
Pueden quitarles el teléfono, restringir sus movimientos y su contacto con otras personas, y obligarlos a vivir según un horario estricto.
A algunas personas incluso se les exige terminar su relación amorosa, y solo pueden salir si obedecen a sus padres.
Estos hijos ya son adultos, y por lo general los padres no tienen derecho a decidir por ellos dónde viven, con quién se relacionan o qué trabajo hacen.
Encerrar a un adulto sin su consentimiento también puede vulnerar su libertad personal.
Sin embargo, como estos asuntos son organizados por familiares, las personas ajenas a veces los ven solo como conflictos familiares, y las denuncias relacionadas no son fáciles de resolver.
Preocuparse por los hijos no significa que se tenga derecho a controlarlos.
Aunque los padres crean que están protegiendo a sus hijos, deben respetar las decisiones y la libertad de los adultos.