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Hoy, el poder de un país no se mide solo por lo grande que es su territorio, sino también por su capacidad para gestionar el movimiento de la población.
Cada vez más personas dejan su lugar de origen para vivir y trabajar en otros países debido a la brecha entre ricos y pobres, la falta de oportunidades laborales, la inestabilidad política y otras razones.
La migración ya no es algo raro; es un fenómeno importante en la economía mundial.
África está perdiendo talento porque muchos jóvenes y personas con habilidades se van, lo que hace que el desarrollo sea aún más difícil.
Europa, por un lado, necesita mano de obra; por otro, teme que la inmigración traiga presión política, así que solo acepta a una parte de las personas.
Estados Unidos da más importancia a las personas con mayor nivel educativo y capacidades profesionales, y ve la inmigración como una forma de aumentar su competitividad.
China no es un destino principal para los inmigrantes; en cambio, da más importancia a la inversión y a la cooperación en recursos, especialmente en África.
La migración global no ha repartido la riqueza de manera equitativa, pero sí ha mantenido en movimiento el talento.
Quien puede decidir quién puede entrar, quedarse y trabajar tiene un nuevo poder.