yào要ràng让AIwèi为wǒ men我们fú wù服务,tā它jiù就bù néng不能jiǎ zhuāng假装zì jǐ自己shì是rén人
El autor cree que, si la IA realmente va a ayudar a las personas, no debe fingir que es igual que un ser humano.
Muchas empresas tecnológicas piensan primero en ganar dinero, no en proteger a los usuarios, así que la gente debería tener cuidado con la IA.
La IA tampoco es neutral, porque la crean los seres humanos y también puede aprender los prejuicios que ya existen en internet, como la desigualdad de género, la discriminación racial y la brecha entre ricos y pobres.
Así, los resultados que da la IA pueden parecer muy “inteligentes”, pero en realidad quizá solo estén repitiendo viejos problemas de otra manera.
La IA puede procesar mucha información muy rápido y también puede escribir como si hablara una persona, pero no entiende de verdad la vida, los sentimientos ni las relaciones humanas.
No se preocupa por los demás y tampoco puede asumir la responsabilidad de sus decisiones.
Por eso, en asuntos importantes como la educación, la salud, la búsqueda de empleo, la policía y la guerra, no podemos dejar fácilmente las decisiones en manos de la IA.
También debemos preguntar pronto y con claridad: ¿quién creó este sistema?
¿Cómo funciona?
¿Quién se beneficiará?
¿Quién asumirá las malas consecuencias?
Solo haciendo responsables a las empresas e instituciones con poder, la tecnología podrá ser más justa y no dañará la dignidad ni la vida de las personas.