qiú球yǔ与jìng zi镜子
El responsable de una empresa tecnológica dijo que la inteligencia artificial del futuro debería pertenecer a todo el mundo.
Todo el mundo debería poder usar asistentes personales para aprender, protegerse en internet y recibir ayuda legal, de modo que ninguna organización controle todo el poder.
Esta idea parece justa y también recuerda a la gente que una concentración excesiva de la tecnología puede traer peligros.
Sin embargo, poder usar herramientas no significa tener poder de verdad.
Aunque la gente común puede usar la inteligencia artificial, no puede decidir quién desarrolla los sistemas, quién posee los equipos, cómo se recopilan los datos, y difícilmente puede participar en la creación de las reglas.
Las personas que no tienen acceso a internet, dispositivos o recursos suficientes tienen más probabilidades de ser ignoradas por la afirmación de que es para «todo el mundo».
Un futuro verdaderamente justo no consiste solo en dar herramientas gratuitas a todos; también requiere que personas de distintas regiones y formas de vida hablen juntas sobre los usos de la tecnología, las reglas y la distribución de los beneficios.
De lo contrario, el «todo el mundo» del que hablan las empresas quizá se refiera solo al grupo de personas que se parece a sus propios usuarios ideales.
Esta carta escrita para el mundo es como un espejo: quien habla cree que ve a toda la humanidad, pero en realidad es más probable que solo vea su propia imagen.