wǒ men我们dào dǐ到底zài在wán玩shén me什么bǐ sài比赛?
Esta noche hay un partido de las Finales de la NBA en el Madison Square Garden de Nueva York.
Como el presidente de Estados Unidos, Trump, y el alcalde de Nueva York, Mamdani, podrían asistir, la seguridad alrededor del recinto es muy estricta. La entrada y salida de peatones y vehículos está restringida, y los espectadores también deben pasar controles como en un aeropuerto.
Las entradas para este partido son muy caras; muchos asientos cuestan miles o incluso decenas de miles de dólares.
Esta situación no ocurre solo en el baloncesto.
De junio a julio también se celebra el Mundial en Norteamérica, y las entradas, el estacionamiento, el transporte y el alojamiento son muy caros. Cada vez a más personas comunes les resulta difícil ir a ver los partidos en persona.
Algunos dicen que ese es el precio que fija el mercado.
Pero el problema es que el deporte no es solo un negocio.
Muchas ciudades usan fondos públicos para construir estadios, y las universidades también suelen usar el deporte para representarse.
Si el deporte es realmente importante para todos, no debería ser solo la gente con dinero la que pueda participar más fácilmente.
En realidad, este no es solo un problema del deporte. La vivienda, la atención médica, la educación y la vida pública tienen el mismo problema: quienes tienen más dinero tienen más oportunidades, mientras que quienes tienen menos solo pueden mirar desde fuera.
Si esto sigue así, la sociedad será cada vez más injusta.
Por supuesto, el mercado tiene su papel. Pero si en la vida todo se mira solo con dinero, al final quizá gane el beneficio, pero lo que se pierda será la comunidad y la cultura.