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Bajo la política del hijo único en China, muchas hijas fueron el centro de la familia desde pequeñas.
Sus padres les dieron mucho amor, tiempo y dinero, las enviaron a buenas escuelas y esperaban que en el futuro tuvieran un buen trabajo y una buena vida.
Este tipo de crianza trajo muchas oportunidades, pero también mucha presión.
Muchas hijas únicas se sienten queridas, pero al mismo tiempo temen decepcionar a su familia.
A menudo tienen que pensar en muchas cosas: dónde trabajar, si casarse o no, y si volver a casa para cuidar de sus padres.
Sus padres pueden decir: “Tú eliges libremente”, pero en el fondo siguen esperando que su hija no viva demasiado lejos de casa.
Para algunas hijas únicas, esta presión es aún más compleja, porque saben que sus decisiones no son solo asunto suyo, sino que también afectan a toda la familia.
Muchas personas solo se dan cuenta al crecer de que siempre han estado tratando de equilibrar dos cosas: sus propios sueños y su libertad, por un lado, y su responsabilidad con la familia, por el otro.
De niñas, eran tratadas como la persona más importante de la casa, y poco a poco también se esperaba que asumieran muchas responsabilidades en el futuro.