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Mucha gente dice que las redes sociales han acercado el mundo: la información llega en segundos y las fotos pueden ser vistas por muchos al instante.
Pero lo extraño es que las personas que están a nuestro lado se parecen cada vez más a extraños.
Cuando los amigos vienen a verte, sigues mirando el teléfono; una familia come junta en la misma mesa, pero cada uno mira su propia pantalla.
Hay muchos chats grupales: grupos de clase, de trabajo, de familiares... los mensajes no paran, pero las conversaciones reales disminuyen.
Todos usan emojis en lugar de mostrar interés, y reenvían en lugar de compartir ideas.
Muchos conflictos familiares no son grandes peleas, sino ignorancia: respuestas lentas y atención dispersa hacen que la gente sienta que "el teléfono es más importante que yo."
Los niños se ven más afectados: hablan menos, miran más la pantalla, se acuestan tarde, les gustan los juegos, están cansados durante el día y hacen menos ejercicio.
También nos estamos volviendo menos pacientes, sentimos que nos ignoran si tenemos que esperar un momento.
La vida a menudo consiste en tomar fotos antes de experimentar realmente.
Ahora la inteligencia artificial también ha llegado; es conveniente, pero la gente puede preferir hablar con máquinas que "no te decepcionarán."
En realidad, no hay que rechazar la tecnología, sino encontrar un equilibrio: no mirar el teléfono mientras se come, no grabar videos mientras se camina, pasar más tiempo hablando seriamente con los niños.
Las relaciones verdaderas necesitan atención, no velocidad de internet.