èr shí yī shì jì二十一世纪de的sī chóu zhī lù丝绸之路
Hace más de 2.000 años, la Ruta de la Seda conectaba China, Asia Central, Oriente Medio y Europa.
La seda, la porcelana, las especias, el conocimiento y la cultura viajaban a lugares lejanos por estas rutas.
Hoy, China impulsa una nueva Ruta de la Seda.
Ya no utiliza camellos. En su lugar, conecta Asia con Europa, África y otros lugares mediante ferrocarriles, carreteras, puertos, oleoductos y gasoductos, cables de internet y centros logísticos.
China espera desarrollar el comercio y también hacer más seguro el transporte de energía y mercancías.
Sin embargo, las carreteras y los puertos no solo tienen una función económica; también aportan influencia internacional.
Por ello, Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea e India, entre otros, también están construyendo sus propias rutas de transporte.
Algunos países de América Latina también esperan aprovechar sus puertos y su ubicación geográfica para conectar mejor el océano Atlántico, el océano Pacífico y los mercados asiáticos.
Actualmente, la competencia entre las grandes potencias no ocurre solo en los campos de batalla, sino también en los ferrocarriles, los puertos, las rutas marítimas y las redes digitales.
Quien pueda construir y gestionar las rutas del futuro podría tener una mayor influencia en la economía mundial.