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La inteligencia artificial y la tecnología digital también han entrado en la agricultura, pero no necesariamente traen solo cosas buenas.
En algunas grandes fincas de Brasil, la gestión de la tierra depende cada vez más de satélites, sensores, drones y algoritmos.
Las empresas llaman a esto “agricultura de precisión” y dicen que puede mejorar la eficiencia y resolver problemas, pero la realidad no es tan simple.
Muchas comunidades tradicionales y pequeños agricultores han vivido en la tierra durante mucho tiempo, pero estos sistemas a menudo no los ven.
Los registros digitales incorrectos o injustos pueden hacer que tierras públicas y tierras comunitarias sean tomadas por otros.
Los drones también pueden usarse para rociar pesticidas, afectando las casas, las fuentes de agua y los huertos de la gente, y haciendo que todos sientan miedo.
El autor considera que la tecnología no es neutral, y que primero debemos preguntar: ¿quién controla estas herramientas?
¿A quién sirven?
Si la IA realmente va a ayudar a las personas, debe ser más transparente y justa, y las comunidades también deben participar.
La tecnología debería proteger la tierra, la naturaleza y la vida de las personas, y no solo ayudar a las grandes empresas a ganar dinero.
Lo que realmente protege el medio ambiente y la seguridad alimentaria suele ser los pequeños agricultores, los conocimientos tradicionales, las semillas locales y la cooperación entre las personas.