jī yīn基因de的lǎo老xiàn jǐng陷阱
Algunas personas usan los genes y la biología para explicar la política, y también dicen que las ideas progresistas para reducir la desigualdad van contra la “naturaleza”.
Esta visión es peligrosa.
La historia nos dice que, cuando los problemas sociales se presentan como si todo estuviera determinado por naturaleza, a menudo eso trae consecuencias graves.
En realidad, los seres humanos han llegado hasta hoy no solo gracias a la competencia, sino también a la cooperación.
La confianza, la empatía, ayudarnos unos a otros y trabajar juntos han hecho que nuestras vidas sean mejores y más largas.
Aunque las personas también pueden ser egoístas y atacar a otros, eso no significa que la sociedad deba organizarse según esos comportamientos.
El progreso de la civilización consiste en que las personas usan leyes, instituciones y reglas comunes para hacer la vida más justa y más segura.
La democracia, los derechos humanos y la igualdad ante la ley nacen de ese esfuerzo.
Si alguien dice que ciertas personas deberían tener más derechos u oportunidades por sus condiciones naturales, eso está muy lejos de la democracia.
A lo largo de la historia, el colonialismo, la supremacía blanca y el nazismo han usado esta idea peligrosa.
Por eso, las distintas posturas políticas deben debatirse con valores, hechos y resultados, y no usando el ADN para decidir quién es más noble.