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Muchos países de Asia están construyendo centros de datos muy rápido, con la esperanza de atraer inversión tecnológica y desarrollar la economía digital.
Pero este auge también trae muchos problemas.
Lugares como India, Malasia, Indonesia, Kazajistán y Uzbekistán ya están empezando a enfrentar presión sobre el agua, la electricidad, la contaminación del aire y el uso de la tierra.
Por ejemplo, en India, los centros de datos usan mucha agua. En algunas zonas que ya sufren escasez de agua, la situación se ha vuelto aún más grave, y los residentes locales también tienen que pagar más por el agua.
Los agricultores también temen que sus tierras sean compradas a bajo precio, pero los empleos a largo plazo que se crean después de la construcción no son muchos.
En el sudeste asiático, el clima cálido y húmedo hace que los centros de datos necesiten más electricidad para refrigerarse, lo que puede aumentar la presión sobre la red eléctrica y también subir el precio de la electricidad para los residentes.
Algunos grandes proyectos en Asia Central también usan electricidad generada con carbón o gas natural, lo que empeorará la contaminación.
Los expertos también temen que la inteligencia artificial todavía no sea necesariamente rentable. Si en el futuro la demanda no es tan alta, algunos centros de datos podrían ser abandonados incluso antes de terminarse.
En ese caso, lo que podría quedar son instalaciones caras, viejas y poco útiles.
En muchos lugares, al aprobar proyectos, los gobiernos no han escuchado seriamente la opinión de los residentes y además carecen de normas ambientales claras.
Desarrollar la tecnología es importante, pero los gobiernos también deben pensar primero con cuidado: quién se beneficia y quién asume el costo.